Lo que sí sé es lo que no quiero. Por primera vez en mi vida lo sé.
No quiero echarte de menos, como ya lo hago, ni añorar tu cuerpo junto al mío. No quiero estar pendiente de si vienes o no, no quiero comerme la cabeza pensando que hoy me has sonreido menos, o que te puedo agobiar con mis problemas... No quiero sentir tu distancia, esa distancia insalvable que a veces estableces sin darte cuenta. Esa distancia me consume, porque no fue acordada, porque es unilateral. Esa distancia me produce frío, mucho frio. También me angustia.
No quiero que lo que antes era algo especial, lo que antes era novedad, lo que antes nos empujaba hacia los brazos del otro, ahora se convierta en una rutina fastidiosa de cumplir. No quiero que se desvanezca la magia, no quiero salvarme de la quema. No quiero quitarme a cada segundo de la mente la imposibilidad de un futuro juntos, ni siquiera quiero pensar en futuros. No quiero seguir dando siempre esa imagen de mujer liberal y fuerte, cuando sólo lo soy a ratos, porque sería mentirte. Y nunca había sido tan sincera con nadie.
No quiero querer escaparme a cada segundo para llegar hasta ti, porque no puedo, y sufro por ello..., no quiero vivir la que dicen lógica evolución de una relación, con el enfriamiento que ello conlleva; no quiero tener miedo de que te canses de mí, o de yo cansarme de ti... no quiero dejar de verme en tus ojos, no quiero sufrir.
No quiero necesitarte.
No quiero miedos que me dobleguen.







